José Antonio Ruiz Díez pensativo en las montañas

Hagamos la Diferencia en África Juntos

Esta es la primera vez que que escribo sobre este fascinante proyecto. Unas palabras que, a lo mejor, debí escribir hace mucho tiempo pero nunca pensé en la repercusión que tendrían mis acciones y el efecto que han provocado en muchas personas. A todos, gracias.

Es por este motivo por el cual hago, desde hoy, a todos partícipes abiertamente de Proyecto Mzungu a través de esta plataforma.

Todo empezó un terriblemente frío (-32º) día de 2008 en la Antártida. A mitad de camino entre el Polo Sur y la costa del continente blanco. Me senté solo, en el hielo (porque allí, creedme, ¡no hay más que hielo!) y comencé a reflexionar sobre mi vida.

Habiendo cumplido todos mis propósitos hasta el momento, llegué a la siguiente conclusión: debía devolverle a la vida lo que la vida me había dado a mí. Así de sencillo. Me sentía afortunado de tener una familia maravillosa y de haber llegado tan lejos como me había propuesto en el ámbito profesional. Sólo tenía 33 años… ¿Y ahora qué? Me pregunté. Creo que mi respuesta a esta pregunta fue tan acertada como justa.

¿Cómo se le devuelve a la vida lo que te ha dado a ti? Mi lógica se remontó al esfuerzo económico que hizo mi madre para que yo estudiase y tuviese una formación que me permitiera ganarme la vida. Así que ahí encontré mi propia respuesta. Aportar educación era el enfoque que le iba a dar a mi contienda.

Ese fue el principio, el origen de lo que os escribo. Aquel día cambió mi vida (aunque el frío no), volví al campamento y me puse manos a la obra. Bueno, no es tan fácil. ¿Cómo se materializa esta idea? Porque, oye, suena muy bonito pero… ¡ajá! ¿Y ahora cómo…?

Tomada mi decisión era hora de ponerse en marcha. Rápidamente fijé mi objetivo: hacer la diferencia en África construyendo una escuela allí donde nadie va, donde no es cómodo ir a ayudar, donde los demás no se atreven. Ni más ni menos.

¿Porqué allí? Básicamente, porque donde la gente se atreve ya hay gente ayudando pero… ¿qué pasa en los lugares dónde no? ¿Porqué van a tener ellos menos oportunidades? De eso nada… “¡Aquí estoy yo!”, me dije.

Nunca olvidaré como algunas personas cuestionaron lo que quería hacer: “¿Qué estás buscando exactamente?”, “¿Quieres redimir tus pecados?” o “¿Tienes algún vacío interior que quieres llenar?”.

Nunca me imaginé que alguien tuviese que dar explicaciones cuando se trata de ayudar a los demás. En general, no obstante, a la mayoría se le iluminaron los ojos cuando les contaba lo que iba a hacer. Me querían ayudar de la manera que ellos pudiesen y nunca preguntaron el porqué de mi determinación.

Llegaba el momento de estudiar las opciones. ONGs, Fundaciones, planes de desarrollo de los gobiernos… Sinceramente, no tenía ni idea de por dónde empezar. No entendía (y sigo sin entender) ni de ONGs ni de fundaciones y, mucho menos, de planes de desarrollo de gobiernos de países que sólo había visto sobre un colorido mapa.

No tenía nada en contra de este tipo de entidades pero no las conocía y no iba a poner en riesgo mi dinero ahorrado. Desconocía (y desconozco) cuáles son las buenas, cuáles las malas… ¿Llegaría mi dinero a donde debería? No iba a seguir esa senda. Me podía llevar mucho tiempo y quizá me podía suponer un mal trago que no estaba dispuesto a pasar.

¿Los planes de desarrollo de los gobiernos? Pues tanto de lo mismo. ¿Me iban a ayudar? ¿Se iban a aprovechar? En fin, no lo iba a comprobar. A mí nadie me ha regalado nada y cada céntimo que tenía provenía del esfuerzo y el sacrificio.

A veces tendemos a pensar que para hacer un proyecto de estas características hace falta ser millonario o un actor de Holywood. Pues no, amigos míos, NO. No nos llamemos a engaños. Y aunque algunos de estos personajes llevan a cabo este tipo de acciones (que me parece fantástico), la mayoría podría hacer mucho más. Muchísimo más. Algunos tan sólo lo hacen para mejorar su imagen, otros, de puro corazón. A estos últimos, mis felicitaciones.

Siempre hay tres elementos a valorar ante cualquier emprendimiento: las habilidades, el conocimiento y la actitud. Las habilidades se pueden aprender, el conocimiento se puede adquirir pero la actitud, o se tiene o no se tiene. Para mí, la actitud representa más del 70% del éxito de cualquier proyecto y en el campo de la actitud encontramos la determinación. Nuestro mejor compañero, sin duda. Y, de determinación, yo iba sobrado así que estaba listo para hacer la diferencia. Listo y perdido…

Total, que sólo me quedaba una opción para conseguir mi objetivo y era HACERLO POR MI CUENTA.

Y ASÍ FUE.

No sin obstáculos, no sin sacrificios. Con esfuerzo, con dedicación y hasta jugándome la vida en numerosas ocasiones. Hoy, en la jungla de la República Democrática del Congo, en la región más peligrosa del país, 200 niños disfrutan cada día de una escuela en la que reciben Educación Primaria. A vosotros, mis niños, gracias. A los que me ayudaron en el camino a hacerlo posible, mi eterno agradecimiento. Os hablaré de ellos poco a poco porque son dignos de mención.

Bienvenidos a lo que está por venir porque estáis todos invitados. Sin excepción.

Jose Antonio Ruiz Diez

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